segunda-feira, 12 de novembro de 2012

antes de que se enfríe el chocolate

Se habían citado, como todos los jueves, al comienzo del Paseo de Begoña, justo enfrente de donde estuvo el cine Goya y al lado del antiguo cuartel de la Policía Armada.

El primero en llegar fue Charly, gracias a la potencia motora de su carrito de cuatro ruedas. Cinco minutos más tarde, apareció Che, doblando la esquina de los Carmelitas, con su boina barojiana y apoyándose en “las gogós”, como había bautizado con cierto sentido del humor a sus inseparables muletas.

-Ya era hora -lo saludó Charly-. ¿Estuviste de copas con tus “gogós”, o qué?-

- ¡Mira el listo! -repuso Ché-. ¡Claro, como el señor viene en su “cochecito”..!.

Sonrieron los dos, intentando algo parecido a un abrazo.

- Ya ves, amigo Che. Si hace casi medio siglo, cuando vimos juntos ahí en el Goya, el filme de Ferreri, me hubiesen dicho que yo iba a acabar circulando en un “cochecito”... 

- ¡Y todavía te quejas! No ves que el mundo sigue igual de mal repartido que entonces, amigo Charly...En tu condición actual de mutilado de una pierna deberías circular con mis “gogós” y yo, con estas ancas que arrastro, con gran trabajo, debería poder ir plácidamente sentado en tu “cochecito”.

Se rieron, mostrando unas dentaduras tan precarias como sus últimos destinos. 

- ¡Qué mala leche tienes! No me extraña que siempre te hayas dedicado a la crítica... 

- Claro, amigo Charly...Y tu a la glosa...¿O sigues pretendiendo llamarlo ensayo? 

El glosador-ensayista le dirigió una aviesa mirada a su compañero de fatigas. Luego sonrió. Siempre era así. Se saludaban con unas pocas puyitas y a continuación, con el entusiasmo de los niños que cambian cromos, se informaban mutuamente del último artículo que habían logrado colocar en la revista tal o cual, publicaciones que sólo ellos conocían y alguno como ellos.

Avanzaron lentamente hacia el Café Dindurra. Habían estado recorriendo ese camino, con la misma morosidad, todos los jueves desde hacía casi cincuenta años. Ni aún cuando ambos se valían de sus propias piernas para recorrer ese trecho habían condescendido nunca a la prisa. Era una posición más moral, que vital, -habían reflexionado-, la misma que manifestaban en sus respectivas carreras literarias como articulistas de publicaciones difusas y lejanas. Se lo habían repetido muchas veces, consolándose el uno al otro: “Lo nuestro es una carrera de fondo” . 

Ya en el Café. Ante sendas tazas de chocolate y un platito con cuatro churros sin azúcar. Charly le preguntó a Che: 

- Oye ¿tú crees que somos unos fracasados? 

A Che, de la risa, se le cayó su media dentadura postiza en el chocolate. 

Con un trozo de churro que no siguió el mismo camino que la prótesis y aún se mantenía batiéndosele en el paladar dijo: 

- ¡Fdacasadod de qdué! ¿Tu no dtiened tu “codchecidto” y yo mid “gogod”!

Charly asintió con gesto grave.

- Sí, lo hemos dicho muchas veces: es una postura más que vital, moral, querido Che. Anda, vuelve a colocarte la dentadura, que se nos va a enfriar el chocolate.

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